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Bonny Cepeda: más que El Inestable el "Inconsistente

  • 25 nov 2017
  • 4 Min. de lectura

Bonny Cepeda es un talento creativo y destacado instrumentista e intérprete de la música tropical. No puede verse su inestabilidad como un defecto en sí, sino como una característica muy frecuente entre personas de su tipo.

Es recurrente que individuos capaces de generar nuevas ideas o conceptos, sean al mismo tiempo personajes de trato difícil o cambiante.

Cepeda ha sido un innovador, prolífico compositor y arreglista, que ha podido dimensionar tanto su estilo como exponente, y catalizar que otras figuras desarrollen nuevos matices en sus correspondientes expresiones.

Entonces, el problema con Bonny no es la inestabilidad, sino la inconsistencia, que raya en ocasiones en la incoherencia, y si se ha librado de ser catalogado de ocasionalmente díscolo es porque se le reconoce poseer una cabeza bien amoblada.

Llegado el momento, cumplida la etapa de romper brazos para posicionarse y establecerse, un artista no puede pensar solo en permanecer pegado o volver a estarlo, sino que también debe cuidar su legado celosamente.

Junto con Johnny Ventura, Wilfrido Vargas, Félix del Rosario y Cuco Valoy, Cepeda se ubica entre los artistas tropicales (los que vienen del salón de baile y no de las salas de jazz, del Conservatorio o del Clan de Casa de Teatro), que exponen una vertiente social verdaderamente apreciable.

Podríamos agregar a Los Hijos del Rey, netamente como grupo, y algunos derivados, tales como Dioni Fernández y Sergio Vargas, pero solo relativamente, porque los del primer paquete tienen un repertorio de contenido social cuantioso, cada uno por su lado.

Muy, muy pero muy joven, Bonny Cepeda expresaba posiciones contestatarias a través de temas bailables y “bebibles” (No me asocien con la claque del Pachá), pero con niveles de depuración en sus letras que les calificaban para estar adscritos en el Movimiento de Nueva Canción de Latinoamérica:

“Hay muchos fuera de aquí que no pueden venir a su país, viven como si fuera en el exilio, no saben que su vida es un presidio.

Y tienen que olvidarse de los colores de su bandera! Y tienen que cambiarlos por la influencia de la extranjera! Y tienen que cambiarlos cruzar la frontera!”

Pero Bonny hizo otras muchas piezas donde expresaba su inconformidad con el estado de cosas que predominaba bajo el gobierno de fuerza de Joaquín Balaguer o su identificación con ciudadanos en situaciones de conflicto: “El Chofer de Carro Público”, “Dominicano Ausente”, “La Gran Manzana se Pudre”, “Triunfaré”, “El Ñe Ñe, Ñe”, “El Hijo de Madame Inés”.

De modo, que muchos jóvenes de menos edad que Bonny para entonces, quienes en la mayoría de casos, no tenían mucho acceso a los temas de la Nueva Trova, despertaron sus inquietudes sociales y políticas a través de su música.

Bonny Cepeda fue más lejos, mientras por los años de entre 1982 y 1996, la mayor de los líderes de orquesta, solistas y periodistas expresaban simpatías o tenían relación con líderes políticos como José Francisco Peña Gómez, Jacobo Majluta y el mismo Balaguer, Bonny se declara seguidor del profesor Juan Bosch.

A pesar de que su impronta en esa época era netamente popular y fiestera, a los más avispados no les extrañó que Cepeda, por su formación y trayectoria, se identificara con el PLD, un partido que influenciaba netamente en la clase media, jóvenes profesionales, estudiantes, medianos y pequeños empresarios y artistas de avanzada.

Cepeda era de los escasos merengueros que fuera de Wilfrido Vargas hablaban con propiedad de temas sociales. A menudo declaraba que en televisión lo que más veía eran los espacios noticiosos y de opinión.

Tampoco extrañó que a raíz de la muerte de Don Juan y de ciertas inconductas de algunos peledeístas desde el poder, Bonny Cepeda expresara su descontento y se desvinculara de la organización.

Pero fue chocante, que en lugar de dar un salto cualitativo en la política, se viera a Bonny Cepeda acercarse a Miguel Vargas Maldonado, en franca actitud de pesca electoral.

Debo retornar al aspecto meramente artístico, y recordar que Bonny Cepeda es el primer exponente dominicano nominado al premio Grammy, por su álbum “Noche de Discotec”, lo que puso de relieve nueva vez su carácter innovador y gran talento.

Luego decide radicarse fuera del país, en territorios estadounidenses, como Puerto Rico, donde dio soporte al auge del merengue en una época.

El tollo vino tras Bonny desarrollar una idea excelente, poner a los niños de América Latina a cantar por la paz, con una base de lambada fusionada con merengue, un producto altamente comercial, "Que Canten los Niños".

Pero el desliz fue que en lugar de tratar de penetrar a Miami sobre la base de su música, Bonny cayó en la ridiculez de insertar un ataque al dictador cubano Fidel Castro, como gancho para ganarse la simpatía de los cubanos radicados allí..

“Este espacio queda en blanco, es de los niños de Cuba, los que quisieron venir, Fidel no los dejó salir”.

Sin necesidad, Bonny Cepeda se salió del gusto de una gran cantidad de seguidores, tanto dominicanos residentes en el país y en Nueva York y otros territorios estadounidenses, así como colombianos, mexicanos, boricuas y de otros países, que sentían devoción por Castro.

Y es que esta gente no le perdonaba a Bonny vilipendiar de esa manera a quien veían como el símbolo de la rebeldía en el continente.

Un paso inútil, porque los cubanos de Miami a quienes les exigían aludir a Castro de manera negativa eran a los artistas de su nacionalidad que desertaban de la isla.

Artistas criollos populares en Miami, como Juan Luis Guerra, Fernando Echavarría y Johnny Ventura no tenían que incurrir en esas ridiculeces, aunque si se cuidaban de no ir a cantar a Cuba porque eso sí que indignaba a los colonizadores de La Florida.

Pero artistas del sector progresista, si supieron distanciarse de manera seria de la dictadura cubana, o más recientemente, de la venezolana, tales como Víctor Manuel y Ana Belén y Rubén Blades.

Pero retornemos a lo de Bonny Cepeda, quien como digo, más que inestable es inconsistente, ya que así como en numerosas y reiteradas ocasiones anuncia que se vuelve a radicar en el país, también da saltos politiqueros.

Es incongruente al irle a cantar al impopular presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, para un exponente que como Cepeda ya abjuró de las arbitrariedades de Fidel Castro.


 
 
 

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